Sofía:

Hoy tienes seis años y acabas de quedarte dormida encima de mí viendo caricaturas. Estás pesada, me duele el brazo, y no lo cambiaría por nada. Escribo esto para el día que cumplas dieciocho, porque para cuando lo leas ya no vas a caber en mis brazos, y quiero que sepas cómo eras hoy, y cuánto te amaba desde antes de que pudieras recordarlo.

Hoy bailamos en calcetines en la sala. Me diste de tu cupcake aunque no querías. Me pediste "una más" como quince veces y dije que sí las quince.

Solo quiero pedirte tres cosas. Sé valiente aunque te tiemble la voz. Regresa siempre a la gente que te trata bien. Y nunca, nunca creas que molestas cuando me buscas, ni a los dieciocho ni a los cuarenta.

Estoy tan orgulloso de ti que me duele el pecho, y ni siquiera sé todavía en quién te convertiste. No hace falta. Eres mía y eso ya me basta.

Feliz cumpleaños, hija. Ve y cómete al mundo. Yo te aplaudo desde donde esté.

Te amo, Papá.